jueves, 6 de marzo de 2008

Crónicas de retaguardia

José Latova compró hace 18 años una lata con 32 negativos en “mal estado y deshidratados” que se habían encontrado por casualidad en el desván de una casa antigua de Madrid. Para su sorpresa, al restaurar el material se percató de que se trataba de fotografías tomadas en Madrid entre 1937 y 1939, en plena Guerra Civil. Estos documentos, hasta ahora inéditos, se exhiben en la muestra Crónicas de Retaguardia, en la escuela EFTI, hasta el 31 de marzo.


Instantáneas de la vida cotidiana y de las labores de fabricación armamentística que han estado 70 años ocultas desde que las tomaran dos fotógrafos (cuya identidad aún se desconoce) de UGT y CCOO hasta que José Latova, fotógrafo profesional de reconocido prestigio, las adquiriera por casualidad en 1990 y que han visto la luz en la Escuela de Fotografía EFTI tras una ardua tarea de recuperación de los negativos.

Crónicas de retaguardia no es una simple muestra de fotografía al uso, sino que también supone un importante trabajo de recopilación de documentos históricos, pues los organizadores de la muestra, con Latova al frente, se han encargado además de estudiar los diferentes itinerarios que siguieron los fotógrafos por las distintas zonas de Madrid y los métodos propagandísticos del politburó del bando republicano. Por ejemplo, en las imágenes se pueden apreciar elementos comunes que según Latova los propagandistas pretendían que aparecieran en todas las fotografías, como que "en todas las imágenes en los que la escena transcurre en un despacho, éste siempre está muy limpio y ordenado, suele haber un cartel de propaganda en la pared y se muestran objetos como el teléfono y la máquina de escribir" o que en las escenas de soldados descansando aparece algún que otro perro con ellos "pues si tenían mascotas quería decir que no pasaban tanto hambre como para comérselas".


Fábricas de armamento y los únicos milicianos vascos
Las fotografías han aportado imágenes de aspectos que aún eran desconocidos, pues los dos fotógrafos, al desempeñar una labor oficial para su bando, tenían acceso a lugares prohibidos para los reporteros gráficos. Así pudieron fotografiar las fabricas de armamento (cuya ubicación se camuflaba y protegía para salvarlas de los bombardeos) e incluso talleres de reparación de vehículos militares que se habían instalado en el interior de algunas iglesias cercanas al frente oeste de la capital. Del mismo modo, con estas imágenes se han podido conocer los rostros de la única brigada de milicianos vascos que consiguió romper el cerco franquista para unirse a la defensa de la ciudad.

También muestran, a pesar de su enfoque propagandístico, cómo se tuvo que adaptar la población civil a las condiciones del estado de guerra, como cuando se recataron los carros y la tracción animal después de que el ejército republicano requisara todos los vehículos civiles para el uso militar.

La 'trampa' de Capa
A través del estudio de estos negativos, el equipo de Latova ha descubierto una pequeña 'trampa' que el mítico fotógrafo húngaro Robert Capa hizo para tomar una de sus instantáneas del conflicto español más conocidas. Se trata de la imagen de una niña en el frente de Madrid. "Como hemos podido comprobar en las fotografías, había un muro que indicaba donde empezaba la zona más peligrosa y cercana al frente", asegura Latova, " los civiles no podían traspasarlo, pues sólo tenían acceso al otro lado los militares, por tanto, la niña de la foto de Robert Capa no pudo haber llegado hasta el frente a no ser que él la colocara allí para tomar la imagen".

1 comentario:

José Manuel dijo...

Hola Rubén

Me ha gustado mucho tu trabajo. Aparte de estar bien escrito, los diferentes elementos (texto, fotos y vídeo) están bien coordinados y se complementan a la perfección. No falta tampoco el enlace a la exposición. Creo que un lector tiene en tu entrada toda la información que se necesita sobre el tema. Enhorabuena por tu trabajo

JM