El rey Gustavo III de Suecia vislumbró una teoría adelantada a su época: que la cafeína y la teína pueden ser perjudiciales para la salud, aunque se excedió en las que pensaba que eran sus consecuencias. Sostenía que la ingesta cotidiana de estas infusiones era mortal de necesidad para el ser humano. Por ello, en la década de 1780 conmutó la pena de muerte en un cadalso de un asesino y de otro delincuente por la pena capital a través de infusiones, es decir, les ordenó beber café y té todos los días, respectivamente, y reunió a un equipo de médicos y para que siguiera la evolución de la salud de los dos reos, que creía que morirían en no mucho tiempo por beber diariamente café y té. Este extravagante experimento no tuvo el resultado que esperaba Gustavo III, pues los presos sobrevivieron al monarca (que murió en 1792) y a los médicos que les observaban.
Así será la Eurocopa 2012* (ya puede irse de vacaciones tranquilamente)
-
La Eurocopa está a la vuelta de la esquina y, quien más y quien menos, se
pregunta si España será capaz de ganarla por segunda vez consecutiva y, de
paso, ...
Hace 14 años









